Pastores brindan ayuda a deportados colombianos

Semanas atrás, Venezuela deporto a miles de colombianos y ordenó cerrar sus fronteras por tiempo indefinido. Esta decisión provoco una crisis humanitaria. Es por eso que un grupo de creyentes se unió para llevar esperanza a las familias colombianas en necesidad.

Durante tres días, los pastores de Pasacaballo, un corregimiento a 25 minutos de Cartagena, Colombia, tocaron la puerta de cada una de las viviendas de este territorio afro descendiente para invitarlos a ejercer la misericordia. Los favorecidos serían los colombianos deportados de Venezuela.

“Yo creo que esto está en el corazón de Dios y de AMEPAS (Asociación Ministros Evangélicos de Pasacaballo). La gente viendo la necesidad, fueron movidos a misericordia”, dice el pastor Gerardo Meléndez, de la Iglesia El Faro.

Arroz, aceite, frijoles, kits de aseo personal, agua potable y otros alimentos no perecederos, además de prendas para vestir, fueron donados.

“Nos dimos cuenta como la gente traía esas bolsas con alegría y devoción. Además, hay gente que trajo ropa que no usaba y otros trajeron ropa nueva, con esto se demuestra que hay gente en necesidad que se desprende de sus cosas para ayudar a los demás; ahí, yo veo el cumplimiento de la Palabra”, indica el pastor Julio García, presidente de la AMEPAS.

Esta humilde población de 17 mil habitantes, dio un gran ejemplo de solidaridad con sus coterráneos que a cientos de kilómetros padecen en las fronteras con Venezuela. La Iglesia mostró un evangelio social.

“Ahí entendimos el corazón dadivoso y generoso”, comenta Meléndez.

«Dios le ha puesto el sentir a estos pastores para que estén apoyando a nuestro hermanos que están en esta necesidad», asevera Ángel Teherán, habitante de Pasacaballo.

Este centro de acopio se encuentra el resultado de la convocatoria: alimentos no perecederos y ropa en buen estado. Bolsas llenas de amor y de bondad que fueron llenadas por una comunidad muy humilde.

Después de muchas gestiones y oraciones, la carga, llegó a su destino final y sorprendió a los beneficiados.

«Primero que todo agradecerle porque sin conocernos y que muchos de nosotros hayamos hecho toda nuestras vida en Venezuela y nos creíamos más venezolanos que colombianos, y ellos nos han acogido sin condición alguna», concluyó Jesús Álvarez, colombiano deportado. Fuente: Mundocristiano

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