La mujer samaritana que ignoraba la grandeza de Dios

Vivimos tiempos difíciles en los cuales el mundo está experimentando hondas transformaciones, el día a día se ha tornado en una lucha constante a fin de satisfacer las necesidades básicas del ser humano. La mujer ha asumido un papel importante en estos tiempos de posmodernidad. El llamado sexo débil, ahora desempeña actividades que solo realizaban los hombres, las mujeres no solo son profesionales, sino que hasta han llegado a ser presidentes e incluso asumen el rol de padres. Pero, ¿realmente está capacitada la mujer para ser madre y padre a la vez?

A la luz de las sagradas escrituras vemos que Dios creó a la mujer para ser una ayuda idónea al hombre (Génesis 2: 18, 21-23), asignándole a Adán el rol de ser el proveedor y protector de su casa; así tenemos que Dios le dijo: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de donde fuiste sacado” (Génesis 3:19). La armonía y gracia divina fluían en el huerto del Edén, hasta ocurrir la desobediencia de Eva, al ser tentada y consumar el pecado por comer del fruto prohibido, a partir de ese hecho, Dios maldijo a la serpiente y puso enemistad entre ella y la mujer (Génesis 3:15), por lo que desde ese momento Satanás se propuso destruir a la mujer.

A diferencia de Eva, la cual actuó en desobediencia a Dios, encontramos en las sagradas escrituras, muchas historias bíblicas sobre mujeres valientes como Ester, Rut y Débora, temerosas del Altísimo, y que no se detuvieron ante la adversidad y se resistieron a ser presas de los planes del maligno. Asimismo, en el Nuevo Testamento también encontramos historias de mujeres atrevidas que arrebataron su milagro. Muchas de estas carecían de finanzas, de buena salud, padecían persecución por ser prostitutas, incluso viudas que no tenían cómo sustentar a sus hijos. Una de estas historias llamó mi atención: la Mujer Samaritana.

La historia de esta mujer sorprende ya que, según la Biblia, Jesús estaba en Judea y decidió volver a Galilea, pero tenía que llegar a Samaria, y pasó por un pueblo llamado Sicar. Jesús fatigado por el camino llegó al pozo de Jacob (Juan 4:1-6). Estando allí llegó una mujer de Samaria y Jesús le pidió agua y la mujer le replicó: “¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo samaritana?” (Juan 4:9), pero Jesús le dijo: “Si supieras lo que Dios puede dar y conocieras al que está pidiendo agua, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida” (Juan4:10).

La mujer samaritana desconocía la grandeza del hombre que estaba frente a ella. ¿Conoces tú quién es tu Dios? No sé cuál es la situación que estás atravesando, ni cuál es tu problema, carencia o dolor, solo puedo decirte que Dios está esperando que pidas lo que desea tu corazón. Él dice en su palabra: “Clama a mí y te responderé, y te daré conocer cosas grandes y ocultas, que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

Mujer ha llegado la hora de tu liberación y de recibir tu milagro. Levántate como guerrera y pelea tu bendición, Dios está dispuesto a escuchar tu oración, conquista lo que el enemigo te robó o pretende hacerlo, no sé si tus hijos están en drogas o en alcohol o si tu marido te abandonó, pero cualquiera que sea tu situación ha llegado el tiempo de recibir las bendiciones que Dios tiene para ti. ¡Mujer sé libre, esfuérzate y sé valiente!

Articulista Kennia Espinoza
Kenniaeq@gmail.com

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