El secreto para una vida larga y saludable

Vivimos en una sociedad obsesionada por encontrar el elixir de la eterna juventud, pero hay una realidad biológica inexorable: nos oxidamos y por eso nuestro cuerpo envejece. De nosotros depende que esa oxidación sea más rápida o más lenta.

Los milagros no existen.Vivir más tiempo y en mejores condiciones de salud es posible siempre y cuando estemos dispuestos a cambiar algunos hábitos. De nada vale aplicarnos una crema antiarrugas si luego fumamos un paquete de tabaco al día, no somos capaces de comernos una pieza de fruta y nos pasamos el día sentados. Puede que tenga una buena genética, pero no lo apueste todo al ADN porque podría acabar en bancarrota.

“El estilo de vida juega un papel mucho más determinante que la genética en la longevidad y la calidad de vida. Podríamos decir que influye un 80% el estilo de vida y un 20% la genética”, explica el doctor Jordi Salas, catedrático de Nutrición en la Universidad Rovira i Virgili, investigador del Ciberobn. “La genética es la predisposición, nos da la posibilidad de ser, pero los genes se expresan según lo que aportamos desde fuera”, añade el doctor Joan Quiles, experto en nutrición comunitaria.

Tanto la dieta mediterránea como la japonesa son ricas en vegetales, cereales integrales, frutos secos, pescado y legumbres. La única diferencia es que la nipona es baja en grasas y la nuestra alta, pero en grasas vegetales, principalmente del aceite de oliva, que es beneficiosa para el corazón. “Son patrones dietéticos asociados a menor enfermedad cardiovascular y menor riesgo de cáncer, las dos principales causas de mortalidad”, señala el doctor Salas.

Precisamente el estudio Predimed, publicado hace un año por la revista “New England Journal of Medicine”, concluyó que la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva virgen o frutos secos como las nueces, avellanas y almendras, es más eficaz que las dietas bajas en grasas de todo tipo para prevenir patologías cardiovasculares.

Para alargar la vida, se debe mantener una dieta frugal, rica en vegetales, con ejercicio diario y una vida social activa.

Por contra, los alimentos que, en exceso, pueden favorecer la aparición de enfermedades que acorten nuestra vida son los ricos en grasas saturadas de origen animal o trans (deben tener una presencia muy moderada en la dieta), el alcohol (no más de un vaso de vino por comida), la sal (menos de cinco gramos al día) o el azúcar (no más de 25 gramos/día). “El simple hecho de ser obeso (un índice de masa corporal mayor de 30) ya disminuye 8 años de media nuestra esperanza de vida”, alerta el doctor Quiles.

Dormir bien y evitar hábitos nocivos como el tabaco y el sedentarismo son las otras claves en esto de vivir más y mejor. Hay que caminar a paso ligero al menos 30 minutos al día y disminuir el tiempo que pasamos sentados porque, según un reciente estudio de la Universidad Northwestern de Chicago, si tiene 60 años o más, cada hora extra que pase sentado aumenta su riesgo de discapacidad, con independencia del ejercicio diario que haga. Así que cuando termine de leer este artículo, si es la hora del aperitivo, levántese, vaya a darse un largo paseo y tómese un vino tinto y unos frutos secos a su salud.

Cristina Garrido

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