El reencuentro: Señal de convivencia y de progreso

El Globo News

Se requiere como proyecto de nación a una sociedad con participación conjunta de todos sus componentes, con la suficiente capacidad para definir cómo nos gustaría vernos con el transcurrir de los años.

La transformación es la búsqueda de soluciones y no puede estar asignada de manera exclusiva a una fuerza política o gobierno en particular. Es necesario iniciar ese trabajo como actividad de primer orden, olvidando intereses personales y comprendiendo de una vez por todas las necesidades de cambio que dejen como resultados la solución de los problemas y, por ende, mayor calidad de vida en nuestros pueblos.

No podemos permitir que las marcadas diferencias políticas continúen alejando las posibilidades de conjunción de esfuerzos, aunque entendemos que la diversidad de criterios enriquecen el debate diario y son en muchos casos un aporte esclarecedor para encaminarnos por mejores horizontes y no, como es habitual, que solo sirven para dividir a la sociedad y convertirla en un formato identificado con caprichos y conceptos ideológicos inadecuados.

En las recientes décadas ha reinado la inquietud política en varios países latinoamericanos. Por este motivo se torna más engorrosa la integración y convivencia entre los habitantes de un mismo país. Dando la impresión de que hay dos países distintos, tal como sucede en Venezuela, donde el antagonismo cada día se acentúa, mostrando al mundo dos modelos irracionalmente opuestos.

Lo que no ocurre en Costa Rica, que surge como auténtico modelo de hermandad en América Latina, sin idealismos trasnochados y con un transcurrir democrático sin alteraciones. Aún con los cuestionamientos emanados de la oposición a los gobiernos de turno, podemos afirmar que en sus postulados políticos y derechos civiles existen condiciones como la libertad y la autodeterminación, que la sitúan como el estilo a seguir, dentro de esa aspiración de vivir con la oportunidad de decidir y escoger en acuerdo y armonía.

Por lo tanto, mirando ese magnífico ejemplo, nos damos cuenta de la necesidad de reflexión sobre el problema de la división que hoy se vive en la mayoría de nuestros pueblos. Hay que buscar la forma de reencontrarnos como lo que somos: hijos de un mismo territorio.

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