Refugiados en Grecia encuentran paz gracias a activistas cristianos

GRECIA.- Los refugiados en Europa son una potencial amenaza o es gente que necesita ayuda para encontrar un hogar y ganarse la vida. Otros ven una oportunidad para salvarlos, ahora y para siempre.

La Acrópolis fue el sitio donde el apóstol Pablo presentó el Evangelio a los atenienses. Les habló sobre su Dios desconocido y luego les presentó al verdadero Dios. Dos mil años después, los evangelistas aún predican allí, pero en lugar de viajar largas distancias, como en el tiempo de Pablo, a quienes esperan alcanzar. Vienen a ellos.

Vienen por decenas de miles los migrantes que huyen de la guerra y el sufrimiento de sus países natales, en busca de refugio y un futuro más prometedor.

Grecia es su primera parada europea.

“Vine a Grecia sin un propósito en mente. No por dinero ni riquezas, solo deseo olvidar lo que pasó con mis hijos. Deseo vivir en un lugar seguro y olvidar a mis hijos”, dice Amal, refugiada de Siria.

En 2015, un francotirador en la guerra civil en Siria mató el esposo de Amal. Una semana después, aún en luto, viajó a visitar a su hermana…

“Dejé a mis hijos en casa y fui a visitar a mi hermana, quien vive a siete horas de distancia. Su esposo había fallecido y fui a consolarla. Miembros de ISIS entraron en mi casa mientras mis hijos dormían y los mataron”, comentó Amal.

Traumatizada, Amal dejó el dolor y angustia de Siria atrás. Viajó a Turquía y luego a Grecia. Sola, en una tierra desconocida, Amal –que significa esperanza en árabe– pronto perdió la ilusión…

“No tengo con quién hablar. Siento que mi cabeza va explotar. No puedo dormir a menos que lo haga con ayuda. No estoy acostumbrada a estar sola. Estoy acostumbrada a tener a mis hijos a mi alrededor”, indica Amal.

Alrededor de ese tiempo, otros refugiados encontraron una familia en los miembros de la Iglesia Evangélica Apostólica de Thessaloniki…

“Estamos alcanzándolos porque vimos la necesidad venir a nuestra puerta, a la ciudad y teníamos que actuar”, dice el pastor Paul Dimitriadis, de la Iglesia Evangélica Apostólica de Thessaloniki.

Como parte de ese alcance, una voluntaria llamada Katy se acercó a Amal.

“Me senté a su lado y la abracé y le dije: ‘está bien orar con tu propio Dios y ella dijo está bien’”, precisó Katy, voluntaria de la iglesia.

“Cuando Katy me vio, me abrazó y me ayudó. Me llevó a la iglesia donde me duché y ella me dio ropa… Cuando visité la iglesia el viernes, me sentí tan cómoda que descansé esa noche sin tomar una píldora para dormir. Estaba tan feliz. Amo el programa. Todo lo que he oído es cierto, todo está en la Biblia. Fue un día feliz para mí”, indicó Amal.

Después Amal recibió una cirugía para quitar una mancha de su hígado. “Es verdad que mis hijos murieron, pero Dios estuvo a mi lado cuando lo necesité en la cirugía… Después, mi conexión con Dios fue más fuerte porque asistía a la iglesia más seguido y podía confiar en Dios. Es lo único que importa”, comentó Amal.

Como resultado, Amal tomó una gran decisión y demostró su compromiso con Cristo.

“Fui bautizada porque confío mucho en Dios”, comenta Amal.

Naciones Unidas ubicó a Amal en un apartamento con una familia musulmana. Aunque ella preferiría compartir la vivienda con una viuda cristiana. Pero como ella misma dijo, desea que Dios la use donde esté.

“Deseo mostrar el amor de Dios a otros y ser ejemplo para los demás. Oro para olvidar mi dolor y experimentar una nueva y saludable vida llena de gozo”, dice Amal.

Después de visitar a Amal regularmente, su nueva amiga Katy es optimista sobre su futuro. “Amal significa esperanza y no es coincidencia. Creo que hay esperanza para Esperanza. Hay esperanza para Amal”, concluyó Katy. Mundo Cristiano.

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