La carrera del cristiano

Dra. Luisa Ruiz /

Elglobonews.net –

La carrera del cristiano es distinta a la de un atleta o deportista; en esta última, la persona participa en una competencia, lucha por alcanzar el primer lugar, ganar  y obtener un bien material como premio, una medalla, trofeo o dinero. En la del cristiano, la persona no participa en una competencia, sino que en su andar o carrera, ella se esfuerza por alcanzar las promesas de Jesús de salud, paz, gozo, vida abundante, salvación y vida eterna, en fin, un cambio de vida. 

La carrera del cristiano, no es más que el transitar o caminata que iniciamos desde que aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador y la cual finalizará el día en que lo miremos cara cara, ya ausentes del cuerpo físico pero presentes ante Dios. En ese andar, o recorrido, sobre todo cuando somos nuevos creyentes, estamos llenos de entusiasmo, alegría, somos como niños, deseando estar siempre en la congregación oyendo la palabra de Dios, cantando himnos cristianos, leyendo la Biblia, y pensando que nada ni nadie nos sacará de la carrera. 

Sin embargo, es conocido y experimentado por la mayoría de los que emprendemos la caminata, que en el trayecto, se nos presentan situaciones difíciles, encrucijadas ante las cuales no sabemos cómo proceder o que decisión tomar,  nos tropezamos con enfermedades, muerte de familiares, pérdida de empleo, divorcios, decepciones sentimentales, problemas económicos y despojo de bienes materiales, cárcel, etc.; situaciones ante las cuales muchos abandonan la carrera, desisten, se rinden, al pensar que no hay salida, y hasta culpan a Dios, diciendo: ¿Por qué Dios, tuvo que ocurrir esto o aquello?  ¿Por qué Dios no me ayudó?

Es aquí, donde la persona que verdaderamente ha abierto su corazón para Jesús entiende que no debe abandonar la carrera, no debe desistir, ni culpar a Dios, sino entrar en oración, agarrarse de la Fe y la esperanza, buscar al Espíritu Santo de Dios, el cual con certeza lo ayudará a salir de cualquier situación por difícil que sea, dándole consuelo, paz y ánimo para seguir hasta alcanzar la victoria sobre los problemas u obstáculos.

En nuestra carrera o caminata por la senda hacia la salvación siempre encontraremos obstáculos, problemas como especie de gigantes, que nos harán oposición para que tiremos la toalla, para que desistamos y nos rindamos, lo cual no son más que adversidades que el Señor Jesús permite para hacernos cada vez más fuertes y que nuestra fe cada día vaya en aumento.

¿Qué demanda el Señor de nosotros los creyentes? Pues no es otra cosa que nos mantengamos en la fe, sin fluctuar, ni retroceder, sin distracciones, siempre firmes y vigilantes para no caer en las trampas del enemigo que busquen desviarnos del propósito de Dios para nuestra vida; que nos esforcemos y seamos valientes.

¿Cuál es el mayor anhelo del Señor? Que corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe… HEBREOS 12-1; para la salvación de nuestra alma, que confiemos en sus promesas y prosigamos hacia la meta y que al final de nuestra carrera o paso por este mundo podamos decir como el apóstol Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” 2da de Timoteo 4:7-8. ruizluisa238@gmail.com

Foto: referencial.

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